El maine coon y el ‘bosque algonquino’

Los bosques del noroeste de los EEUU dieron cobertura al desarrollo del Maine Coon, ocultando en su espesura y en el aislamiento de las poblaciones humanas las raíces de su procedencia.

Los gatos históricamente han sido apreciados por la marinería, ya que durante siglos sus servicios fueron insustituibles en la contención de plagas de roedores que atacaban las provisiones almacenadas en los buques. Es por ello que algunos autores, por encima de varias leyendas acerca del origen del Maine Coon, insisten en la teoría de que gatos asilvestrados provenientes de los primeros contactos europeos con América, acrisolados en los tupidos bosques de la “tierra del pino”, serían los principales responsables del gran tamaño y la espectacular estampa de este minino.

 

Sigilosos por la historia

Hasta el estado de Maine, territorio originalmente habitado por indígenas algonquinos, cubierto casi en su totalidad por bosques de coníferas y surcado por más de cinco mil torrentosos ríos y dos mil lagos, han sido rastreados los orígenes de esta estrella felina ganadora de numerosos concursos en ferias y exposiciones de gran renombre a partir de su aparición en escena en los Estados Unidos allá por 1878.

Algunos remontan la historia del Maine Coon a los intrépidos navegantes vikingos, que según algunos autores se adelantaron a Cristóbal Colón como los primeros europeos en llegar a América, los cuales traerían los primeros gatos al “nuevo mundo”. Sin embargo, se estima que los antepasados del ‘big cat’ de Maine serían llevados por colonos franceses e ingleses, quienes comenzarían a poblar y a disputarse la región en guerras que involucrarían a los indígenas algonquinos hasta su destrucción, reducción o desplazamiento.

El caso es que algunos de estos felinos se internarían en los extensos dominios del ‘bosque algonquino’, alejándose de los poblados de colonos que comenzarían a surgir en la costa atlántica del noroeste de América y en las desembocaduras de los principales ríos atraídos fundamentalmente por las riquezas madereras y piscícolas de la región. Para los algonquinos, íntimos conocedores de su entorno natural, el descubrimiento de estos felinos enmontados merodeando sus asentamientos del interior, pudo haber sido muy relevante en sus vidas.

Así, mucho antes de ‘merodear’ la costa atlántica colombiana en nuestros días, los antepasados del Maine Coon comenzarían a compartir con osos, pumas, castores, wapitíes, linces y mapaches los bosques algonquinos, así como la abundante ‘despensa’ de conejos, ratas almizcleras, gorriones, somorgujos, reptiles, ranas, truchas, salmones, insectos y huevos de aves de la región.

A partir de este ‘encuentro’, algunos dicen que aquellos mininos asilvestrados pudieron haberse cruzado con linces rojos, mientras que una leyenda los emparenta con mapaches, pero lo más probable es que los descendientes de los primeros gatos enmontados se cruzaran posteriormente con otros gatos domésticos de pelo largo traídos de la misma Europa a mediados del siglo XIX.

 

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