Del miedo al amor

Hace cuatro años, ‘Lazulita’, una gata Bengalí, llegó a su nuevo hogar y desde entonces modificó todos los esquemas. Ahora es la reina de la casa, la más consentida y también la más pretenciosa cuando se lo propone.

El amor felino fue capaz de superar un miedo. Martha Herrera les tenía pánico a los gatos, pero desde que ‘Lazulita’ llegó a su vida, sus temores y errados conceptos sobre los felinos desaparecieron. Ahora es una apasionada por estos animales, a tal punto que dedica parte de su tiempo a investigar sobre ellos.

“Con ‘Lazulita’ siento una gran conexión. Empecé acariciándola poco a poco y me di cuenta de que los gatos son preciosos. Ahora me encantan, leo sobre ellos, tomo fotos y estoy enterada de todo sobre los felinos”, comenta Martha, una santandereana que desde hace 15 años vive en Barranquilla y que habla con orgullo de su gata Bengalí.

 

La llegada

Martha estaba acostumbrada a tener perros en su casa ya que sus hijos son amantes de las mascotas, pero entre sus planes no estaba ser la dueña de un gato. Jacobo, el mayor, estaba estudiando en Estados Unidos y luego se fue a vivir a Argentina donde adquirió a ‘Lazulita’. “Le llamó la atención la raza porque parece un leopardo en miniatura. Son únicos y muy elegantes”.

“Eso fue en 2012. Después de estar en Argentina, se fue a vivir a Bogotá y ‘Lazulita’ estaba triste porque se quedaba sola. Mi hijo la traía en vacaciones y cuando estaba conmigo pasaba feliz porque mi casa es amplia y tiene más espacio. Es por eso que hace cuatro años decidimos que se quedara conmigo y así cuando quiere aventura un poco y puede tomar el sol”, aseguró Martha.

 

El aprendizaje

Desde la llegada de ‘Lazulita’ todo ha sido aprendizaje para su dueña. Se crearon hábitos y rutinas que formaron un lazo más estrecho entre las dos, a tal punto que ahora son casi inseparables y cuando Martha debe salir de viaje, hace todo lo posible para que su gata no sienta ningún tipo de estrés porque la primera vez que se ausentó, aunque ‘Lazulita’ no se quedó sola, no pudo soportar su ausencia y a causa de la tensión, se arrancó el pelo y se hizo peladuras en la piel.

“La primera vez que me fui la encontré vuelta nada, pero eso nos sirvió de experiencia. La señora que me ayuda en casa sabe que cuando me voy debe cuidarla mucho más, consentirla y con eso ella se siente mucho mejor porque los Bengalí se apegan mucho a sus dueños y detestan la soledad”, afirma.

De igual manera, ha aprendido a identificarle sus distintos maullidos. “Hace uno  cuando tiene hambre y otro cuando quiere que le abra la puerta. Ella desayuna a las 6:30 de la mañana, almuerza al mediodía y a eso de las 7:30 es que cena. A las 7 de la noche se le abre la puerta para que salga, pero solo a la terraza porque ella no está acostumbrada a salir a la calle”.

 

Alimentación y cuidados

Martha asegura que a ‘Lazulita’ se le sale lo argentina cuando se trata de su alimentación, ya que solo le gusta cierto tipo de comida y lo demás lo rechaza.

“Yo digo que como es argentina es pretenciosa (risas). A ella no le gusta comer pepas, solo paté. Al principio quisimos revolvérselo para que se lo comiera y lo que hacía es que lo vomitaba. Tampoco le gustan las salsas; ella es muy selectiva”.

‘Lazulita’ está esterilizada, es decir que no puede tener cría, y Martha se siente más tranquila con esa idea pues por el momento no tiene interés en tener más mascotas en su hogar además de darle calidad de vida. “Con ella es suficiente (risas)”.

‘Lazulita’ fue el nombre dado por el hijo de Martha inspirado en el lapislázuli, una gema de característico color azul ultramar, muy apreciada en joyería.

 

"Lazulita’ cambió el errado concepto y el temor que Martha le tenía a los gatos"

 

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