EL VOLCÁN BALINÉS

El ‘Bali’, combinación de fuerte embrujo siamés con elegante abrigo largo de actriz hollywoodense, se ha introducido en la Costa con su andar cadencioso y su expectante mirada azul.

Los orígenes del gato Balinés no están en la volcánica y turística isla de Bali en Indonesia, pero sin duda desciende de los enigmáticos gatos siameses difundidos por el mundo a partir de los territorios de sus vecinos continentales, Tailandia, antiguo reino de Siam. No obstante, estos hermosos mininos cuyos verdaderos registros de nacimientos están en los EEUU, a diferencia de sus pelicortos y reconocidos ‘padres’ del sureste asiático, presentan un vistoso manto largo, herencia genética de otros gatos con esas características.

 

Buscando identidad

Intentos por alargarle el pelo al siamés se registraron desde 1928, cuando comenzaron a presentarse ante el público norteamericano unos gatos llamados ‘siameses de pelo largo’, los cuales tuvieron una fría acogida inicial entre los críticos, quienes no reconocieron esta particularidad como propia del felino de Siam.

Esa primera cita quizás no lograría el ‘efecto cupido’ con los jueces de las asociaciones felinas, pero, a partir de los años sesenta, comenzaría a romperse el celofán de la indiferencia cuando varias reconocidas criadoras con fuerte influencia en el gremio que agrupaba a los aficionados norteamericanos a los gatos (CFF), fueron impulsando la cría de estos mininos de largo pelaje y a definir un conjunto de patrones que lo diferenciaban de sus afamados antecesores siameses.

 

Más que un siamés de pelo largo

Marian Dorsey, Sylvia Holland y Helen Smith figuran entre las criadoras más entusiastas del Bali, como también llaman al Balinés, atribuyéndosele a la señora Smith el que se nombrara de esa manera, que lo diferenciaba de los siamés reconociendo su ascendente genético, mientras evocaba un inexistente vínculo geográfico con Indonesia y la hermosa isla de Bali, con sus montañas de fuego y verdes arrozales en terrazas, sus templos budistas y, sobre todo, con sus bailarinas, con las cuales Miss Smith asociaba los sinuosos y elegantes movimientos de esta nueva raza de amistosos felinos de pelo largo.

Algunos dicen que la escogencia del nombre ´balinés’ para esta raza gatuna de ojos azules sería incidental, aunque ya nadie duda de su enorme pegada comercial, obviamente ayudada por el tremendo atractivo y buen carácter del gatito.

A finales de los sesenta se fundó la primera asociación de criadores y fanáticos del balinés y a comienzos de los setenta sería reconocido como una categoría independiente en todas las asociaciones felinas de Norteamérica, logrando su primer gran título de campeón en 1975, lo que da una idea de la pasión volcánica que desata este aristocrático minino peludo.

 

“Los Balineses son gatos bien comportados, no pierden nunca su elegancia, aunque estén curioseando o jugando”

Revista petLovers Caribe

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EDITORIAL

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