Viejo mi querido perro

La vejez constituye un reto constante para los petlovers que tienen perritos de avanzada edad. Ellos manifiestan achaques y comportamientos muy similares al de los humanos.

Observar a ‘Cokita’ y rememorar obsesivamente una conocida canción del famoso intérprete y compositor argentino Piero, es automático. Les cuento: ella es una Cocker Sphaniel de 18 años que ha gozado de una buena vida hogareña y de muchísimo amor, lo cual sumado a su gracia e inteligencia, la hacían parecer mucho más joven, hasta hace apenas dos años, cuando “la edad se le vino encima, sin carnaval ni comparsa”.

 

Los expertos dicen que, en promedio, los perros a los 10 años ya entran en una etapa de cambios caracterizados por un declive en sus condiciones orgánicas, propios de la vejez. Entrar a esta etapa por lo general depende de la talla del canino y de acuerdo con esto, los perritos pequeños tienden a ser más longevos y menos achacosos que los perros grandes, quienes presentan cuadros de mayor deterioro a partir de los 8 años. Siendo una perrita de talla mediana, ‘Cokita’, nuestro ejemplo para hablar de estos temas con ustedes, felizmente ha roto todos los pronósticos.

 

 “Ahora ya camina lerdo;

como perdonando el viento”

‘Cokita’ era una perrita muy vivaz y con especial predilección por derribar a las incautas palomas que cruzaban los ‘límites’ de nuestro balcón. Con varios derribos confirmados, llegó a convertirse en toda una As de la defensa aérea, pero, casi sin darnos cuenta, perdió su gran agilidad. A estas alturas del juego, con molestias para caminar y un fuerte declive en su visión y audición, los bichofués le bailan una danza voladora ante su imperturbable mirada hasta que le roban la comida.

 

Sus acostumbradas rondas por el apartamento en su afanosa búsqueda de algo extra que comer, se han hecho menos frecuentes y más expectante. Sólo los alores a pollo parecen sacarla de su letargo y animarla a realizar sus vueltas. Nos han recomendado que los paseos y la socialización deben mantenerse para combatir la apatía en los canes ancianos, y que esto se haga en horarios frescos, con trayectos más cortos, lentamente, con paraditas frecuentes y sin tirarlos de la traílla. Todo esto lo seguimos intentando, pero cada vez le resulta más difícil.

 

“Tiene la tristeza larga

de tanto venir andando”

Cuando comenzó a entrar en edad, el veterinario ya le había recomendado a su ‘mamá’ que le cambiara el alimento por uno especial para perros ancianos, y que además tratásemos de mantenerla bien hidratada y en un peso ideal, ni gorda ni flaca, ya que la alimentación es fundamental en una vejez más apacible y llevadera. Lo otro son las atenciones, tanto las médicas regulares, como el cariño que se les brinda, ya que son seres que sienten el abandono y se deprimen, situaciones que expresan muy bien con sus miradas y que probablemente aceleren la aparición de verdaderas enfermedades.

 

El final de ‘Cokita’ será inevitable, como también lo será nuestra tristeza por la pérdida de su alegre y fiel compañía, pero debemos comprender que la ancianidad no es una enfermedad, sino una etapa más de una larga vida canina, y lo realmente importante es seguir dándole calidad de vida, porque quizás siga rompiendo pronósticos.

 

“En canes de avanzada edad se presentan displasias de caderas, especialmente en perros grandes”

 

 

 
El chocolate es bastante malo para los animales ya que contiene sustancias tóxicas para su cuerpo. En general, los episodios de intoxicación suelen ocurrir por ingesta accidental o por suministro directo de propietarios que ignoran la lista de alimentos y sustancias que pueden tener consecuencias adversas en los animales de compañía. 
 
El componente del chocolate al que los perros y gatos resultan extremadamente sensibles se llama teobromina, un tipo de sustancia que tiene efecto estimulante del sistema nervioso central y cardiovascular. 
 
Los humanos tenemos un rápido metabolismo de esta sustancia; sin embargo, los perros tienen un metabolismo bastante lento del compuesto, lo cual ocasiona que se acumule en el organismo hasta alcanzar niveles tóxicos.
 
Los signos pueden notarse entre las seis a doce horas después del consumo, dado que la teobromina se absorbe fácilmente por vía oral. Pueden variar de acuerdo con la dosis consumida, el peso del animal y el tipo de chocolate presente en la chocolatina. 
 
A dosis bajas se puede observar agitación, hiperactividad y problemas gastrointestinales como vómito y diarrea; Sin embargo, a dosis mayores el riesgo de problemas cardiovasculares se incrementa. También puede ocasionar convulsiones y edema pulmonar, que en conjunto podría llevar a la muerte del animal. 

Si la ingestión se detecta a tiempo, se acude de manera rápida al médico veterinario y se hace un tratamiento eficiente el paciente se puede recuperar. Por lo tanto,  ante el riesgo y sospecha de consumo de chocolate por parte de su mascota no dude en llamar o acudir al médico veterinario: ¡Ante las intoxicaciones el tiempo es oro!

Vía el tiempo.

 
Revista petLovers Caribe

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EDITORIAL

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