Luces Urticantes

Conquistan el océano con su hipnótico y letal baile que, combinado con destellos luminiscentes, atraen a sus presas hacia la grande danse macabre.

Las medusas se caracterizan por tener apariencia delica­da, cuerpos gelatinosos de forma acampanada o de pa­raguas –aunque esto pue­de variar-, largos y finos tentáculos acompañados de sutiles movimientos que te transportan a un mundo de ingravidez en el vasto océano. Por su naturaleza primitiva cuentan con una red neuronal sencilla y este proceso las ha llevado a crear bioluminiscencia para atraer a sus presas cuando se en­cuentran en la penumbra marina.

Existe una medusa que se encuen­tra en aguas abiertas, comúnmente en la costa occidental de Norteamérica. Este invertebrado puede cambiar de color gracias a un tipo de proteína que solo la produce su especie. La capa­cidad de emitir destellos de luz azul se debe al proceso químico de calcio que se relaciona con la fotoproteína aequorina.

 

Campanas ‘letales’

La medusa cuenta con aproxima­damente 150 tentáculos armados con nidocitos – células especiales que se­gregan sustancias punzantes que al hacer contacto inyectan toxinas- que sirven como método de defensa o he­rramienta predatoria. La textura de sus apéndices es pegajosa lo que les permite atrapar a su presa con mayor facilidad. Estos tentáculos pueden lle­gar a medir hasta 40 metros de largo y es en ellos donde se concentra la toxi­na que inmoviliza a la víctima.

Las picaduras pueden causar heri­das dolorosas y, en los casos más ex­tremos, la muerte debido a un shock anafiláctico. El tamaño de las baila­rinas del abismo es variable. Oscilan entre los dos centímetros y pueden sobrepasar los dos metros de diáme­tro. La mayoría de ellas realizan movi­mientos similares al desplazarse.

 

Ciclos y tentáculos

El proceso de reproducción se lle­va a cabo a través de la liberación de óvulos y espermatozoides en la at­mósfera oceánica. Esta fusión creará una larva con cilios, conocida como plánula, que se mantendrá a flote orientada por las corrientes espe­rando adherirse en alguna superficie, arrecifes de coral o en el fondo mari­no, por ejemplo, donde pasarán a la siguiente etapa: pólipo.

A partir del núcleo central, o tron­co, comenzarán a desarrollarse nue­vos congéneres sexuados, en el caso de las medusas y asexuados por parte de los pólipos.

La medusa Clavel (Pelagia noctilu­ca), o acalefo luminiscente, es cono­cida por ser traslúcida con forma de hongo y matices rosados con violeta en sus tentáculos, se caracteriza por su molesta picadura y por emitir bio­luminiscencia. La anatomía de este animal está compuesta por un 95% de agua y el resto es materia orgáni­ca. De noche irradian luz con el ob­jetivo de atraer a sus presas.

Algunas medusas representan un verdadero peligro para el ser humano, debido a su toxicidad como, por ejemplo, la fragata portuguesa o Physalia physa­lis. La sensación de quemadura, pápu­las, ronchas, y ampollas hemorrágicas, náuseas, vértigo e hipotensión, son algunos de los síntomas que presen­ta el afectado. Es importante recalcar que no todas las personas reciben la toxina de la misma forma, por tanto, ante cualquier malestar se recomien­da visitar al médico.

 

¿Y en nuestra región?

Consultamos con Adriana Gracia, docente del programa de Biología de la Universidad de Atlántico, quien compartió que el Caribe colombiano es biodiverso, y esta diversidad de formas de vida la encontramos no solo en grandes animales como pe­ces y aves.

Dentro de los llamados organismos invertebrados nos asom­bramos con la presencia de esponjas, corales, medusas, gusanos, caracoles, cangrejos, estrellas de mar y muchos más representantes de la fauna tro­pical. Dentro de estos animales, las medusas aparecen como aquellos raros organismos que por sus célu­las urticantes podrían denotar algún grado de peligrosidad.

Para el Caribe colombia­no, de medusas o animales parecidos a medusas se tiene conocimiento de la presencia de 16 es­pecies de sifonóforos (Hydrozoa), siete de Scyphozoa (verdade­ras medusas) y dos de Cubozoa (temidas por su toxicidad). Específi­camente para el depar­tamento del Atlántico, a la fecha se conoce la presencia de siete especies que visitan nuestras aguas. Cada una con una belleza incon­fundible y unas características que las hacen únicas: Tenemos una especie de Hydrozoa (Physalia physalis), una de Cubozoa (Chi­ropsalmus quadru­manus) y cinco de Scyphozoa ( Ly c h n o r h i ­za lucerna, Stomolophus m e l e a g r i s , Chrysaora sp., Aurelia auri­ta y Cassiopea xamachana). Se­guramente con el tiempo conoce­remos que son más las especies que se presentan, por eso la importancia de estudiar y monitorear nuestra bio­diversidad.

 

 

 

 
El chocolate es bastante malo para los animales ya que contiene sustancias tóxicas para su cuerpo. En general, los episodios de intoxicación suelen ocurrir por ingesta accidental o por suministro directo de propietarios que ignoran la lista de alimentos y sustancias que pueden tener consecuencias adversas en los animales de compañía. 
 
El componente del chocolate al que los perros y gatos resultan extremadamente sensibles se llama teobromina, un tipo de sustancia que tiene efecto estimulante del sistema nervioso central y cardiovascular. 
 
Los humanos tenemos un rápido metabolismo de esta sustancia; sin embargo, los perros tienen un metabolismo bastante lento del compuesto, lo cual ocasiona que se acumule en el organismo hasta alcanzar niveles tóxicos.
 
Los signos pueden notarse entre las seis a doce horas después del consumo, dado que la teobromina se absorbe fácilmente por vía oral. Pueden variar de acuerdo con la dosis consumida, el peso del animal y el tipo de chocolate presente en la chocolatina. 
 
A dosis bajas se puede observar agitación, hiperactividad y problemas gastrointestinales como vómito y diarrea; Sin embargo, a dosis mayores el riesgo de problemas cardiovasculares se incrementa. También puede ocasionar convulsiones y edema pulmonar, que en conjunto podría llevar a la muerte del animal. 

Si la ingestión se detecta a tiempo, se acude de manera rápida al médico veterinario y se hace un tratamiento eficiente el paciente se puede recuperar. Por lo tanto,  ante el riesgo y sospecha de consumo de chocolate por parte de su mascota no dude en llamar o acudir al médico veterinario: ¡Ante las intoxicaciones el tiempo es oro!

Vía el tiempo.

 
Revista petLovers Caribe

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EDITORIAL

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